Verano de 2016, Benidorm, Spain.
Poco podía imaginar que aquellas vacaciones se verían alteradas por lo que, sin duda, fue la noticia más inquietante y devastadora que jamás haya recibido. El diagnóstico extraoficial de FPI.
Sin embargo, lo que pasa por la mente de alguien que es diagnosticado con una de estas enfermedades implacables únicamente puede ser descrito por los interesados. Pues en todo momento una parte de ti sabe perfectamente que ya no estás inmerso en un ejercicio de especulación acerca de la posibilidad de sufrir esto o aquello, sino que estás siendo el protagonista de algo real. Me pregunto por qué debo escribir algo así, algo a medio camino entre unas memorias y un diario de viaje; bueno, quizás ni lo uno ni lo otro, pues realmente no espero nada concreto.
Allá por el mes de mayo del año 2016, a raíz de lo que yo denominé una secuencia de fuertes resfriados, me vi aquejado de toses constantes, especialmente de noche, que me sobrevenían de forma intempestiva acompañadas de flema (saliva con mucosidad más o menos espesa) y que me impedían respirar normalmente la mayoría de las veces. Al mismo tiempo podía sentir que los bronquios estaban realmente afectados pues al expulsar el aire se podía escuchar perfectamente unos silbidos bastante evidentes. Esta situación se prolongó durante el mes de junio, por lo que tomé la determinación de ir a médico en el momento que mis obligaciones laborales me lo permitieran.
Al mismo tiempo, esto ya me venía de atrás, sentía un cansancio inhabitual y extraño a cualquier mínimo esfuerzo, pero especialmente evidente a la hora de subir escaleras. Recuerdo justificar esta evidente bajada de estado de forma con la edad, 53 años. Por supuesto la práctica de mi deporte favorito, bicicleta elíptica, ya había sido interrumpida porque de 8 vueltas a un campo de futbol había pasado a 4 y con muchas dificultades respiratorias, demasiadas.
A principios del mes de julio del mismo año, aprovechando el hecho de encontrarme de vacaciones en la playa, decidí pedir cita en el Hospital de Levante de Benidorm, cosa que sería determinante a la hora de destapar la enfermedad.
Tuve la fortuna de caer en manos de una Doctora con la suficiente experiencia como para sospechar de la existencia de algún tipo de patología pulmonar, pues inmediatamente solicitó la realización de unas placas de tórax. La verdad, este trámite fue muy rápido y ni siquiera me molesté en echarles un vistazo, pues estaba totalmente confiado en que esto únicamente sería una bronquitis sin mayores consecuencias. Ay¡¡ qué equivocado estaba¡
Nada más ver la cara de la doctora sospeché algo extraño pues llamó a otra doctora especialista para que revisara las radiografías, cosa que hizo al tiempo que me preguntó acerca de si había sido fumador, cosa que negué rotundamente, pues no había fumado activamente en mi vida.
Me tocó en el hombro conforme se marchaba y me dijo: "pronto nos volveremos a ver". Ahí quedo la cosa de momento, pero se recomendó la realización de un TAC. A pesar de ser verano conseguí la autorización de mi compañía ASISA muy rápidamente, por lo que aunque no volví a ser atendido en consulta por la misma doctora la nueva también se interesó por el tema y me explicó las imágenes del TAC, así como el diagnostico: "compatible con fibrosis pulmonar".
Convine con ella que lo mejor sería ponerme en manos de un neumólogo lo antes posible, ello sería cuando finalizase el verano y en mi ciudad, Albacete. Fue un mazazo anímico pues jamás me había visto en algo así, es más, siempre me había sentido orgulloso de mi salud en general, quitando algunos pequeños achaques propios de la edad y de la genética, como el colesterol y el azúcar, como se dice vulgarmente. Decidí no mirar nada en internet al considerar que poco o nada podría aportar, al menos que fuera positivo para afrontar el proceso de esta enfermedad del que todavía no era plenamente consciente.
Este fue el contacto inicial con esta enfermedad de la que jamás antes había oído hablar.
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